Es bonito ver a unos niños sonreír. Sobre todo, si es probablemente, la única sonrisa de el día o quizás de la semana. Tal vez en sus casas no sean tan felices como lo son cuando nosotras los vemos. No todos tenemos la misma suerte, y, por desgracia, no todos tan privilegiados de tener a unos buenos padres.
Yo, en lugar de compadecerme por ellos intento que cada minuto que están con nosotras sea diferente, que se lo pasen bien, y si puede ser, con una sonrisa en la cara.
Me gustaría poder estar más tiempo con ellos, por lo menos así me aseguraría de que están bien y son “felices”. Y lo pongo entre comillas porque no se puede ser realmente feliz si tu familia te maltrata, tanto física como psicológicamente.
Y no nos pagan a ninguna de las que vamos allí e intentamos hacer que las vidas de esos pobres niños sean un poco más llevaderas, pero a mí por lo menos, no me importa que no me paguen, porque yo realmente me siento bien conmigo misma y mi satisfacción personal tiene un nivel incontrolable cuando hago algo por estos chicos y me devuelven una sonrisa.
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